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El jurista fiorentino Luigi Ferrajoli, uno de los más lúcidos doctores del garantismo jurídico sostuvo hace casi una década “Se está produciendo, de manera sorprendente, una duplicación del derecho penal: derecho mínimo y tolerante para los ricos y potentes; derecho máximo e inflexible para los pobres y los marginados. 

Han pasado las primeras horas de un caso testigo que Ferrajoli analizaría.
Río Cuarto. Domingo amanece con lluvia y calma chicha provinciana como tantos otoños un 9 de abril de 2017.Un joven de escasos recursos es atropellado, arrollado, dejado en la calle después de un avasallamiento automovilístico de más de 50 metros. A los minutos el nombre de Eneas Agüero había ganado la calle. De sus historias, sus desventuras, sus sueños truncos las redes sociales, los medios supieron casi como un reguero de pólvora.
Del nombre del persomóvil -gente con ruedas en lugar de piernas-dixit Eduardo Galeano-, salvo las aproximaciones facebuqueras reinó el blindaje policial, mediático, jurídico.
Que es hijo de, que la mamá es sobrina de, que el cerco de una ciudad de mediano porte terminó ráudamente de cerrarle la burbuja.
Empieza un largo trayecto de buscar justicia en un sistema asentado sobre bases injustas, que criminaliza la pobreza, que le borra el nombre al que hace desde el poder cosas innombrables.

 

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