Inicio CABECERA Mató a un golpeador, la juzgaron con perspectiva de género y quedó...

Mató a un golpeador, la juzgaron con perspectiva de género y quedó libre

25
0
Compartir

Por primera vez, el tribunal declaró a una mujer sentada en el banquillo como “víctima de violencia de género”. Por el voto únanime, resolvió que no era punible y ahora podrá regresar al pueblo donde la esperan sus 3 hijas.

“Con el voto unánime del tribunal, se declara a Valeria Olmedo víctima de violencia de género”. Las palabras que la secretaria de la Cámara Primera del Crimen, Patricia Aredes, leyó a las tres y media del lunes soleado resonaron en la sala de audiencias de Tribunales como un bálsamo.

Eran el prolegómeno de otra decisión que traería alivio a la mujer sentada en el banquillo de los acusados: la absolución de Olmedo del delito de homicidio calificado por el vínculo y mediando circunstancias extraordinarias de atenuación.

Para el tribunal, la mujer de 26 años que desde los 12 venía sufriendo el permanente hostigamiento psíquico y físico de su pareja Julio César Pereyra, no es punible, por lo tanto correspondía declarar su absolución y la inmediata liberación.

No hubo una celebración desmedida ni de Olmedo, madre de tres niñas de 4, 7 y 9 años, ni de su abogado defensor, el asesor letrado Pablo Demaría. Sólo se vio un emocionado apretón de manos entre ambos. Sin embargo, la sensación de alivio que recorrió la sala de juzgamiento se percibía como una bocanada: por primera vez, en los Tribunales de Río Cuarto un fallo incorporaba en forma textual una perspectiva de género.

De esa manera, el tribunal integrado por los jueces técnicos Virginia Emma, Natacha García y José Varela Geuna, y por los jurados populares, encontraron el camino legal para hacer justicia en un caso que se avizoraba especialmente ripioso.

Un dilema legal

La grave acusación contra Olmedo la colocaba frente a la perspectiva de una condena de entre 8 y 25 años de cárcel. Esa es la escala penal que el Código Penal contempla para el homicidio que se comete bajo circunstancias extraordinarias de atenuación.

Más allá de que con ese agregado final Olmedo evitaba la prisión perpetua -que es la pena prevista para quien mata a su pareja-, bastó escuchar de su boca el espeluznante relato de las vejaciones a las que la sometió Pereyra para comprender que cualquiera fuera la condena que le aplicaran estaría consumando un acto de injusticia.

A los 12 años, Valeria Olmedo se fue a vivir con Pereyra, que en ese momento tenía 27. Aunque ella contó a los jueces que no lo veía como hombre sino como una figura paterna, convivían bajo el mismo techo. Desde el inicio de la relación, Pereyra la sometió a golpizas que fueron dejando cicatrices en el cuerpo de la joven.

Junto con las marcas físicas se fueron acumulando el sufrimiento y el rencor hacia el hombre que imponía las reglas a sangre y fuego.

El día de la tragedia, aquella madrugada del 12 de agosto de 2018, Olmedo llegó en su bicicleta hasta la vivienda de Santa Eufemia donde “El negro Julio” -como le llamaban familiarmente- celebraba su cumpleaños número 39.

Lo encontró inclinado sobre un plato de cocaína y esa visión inició una discusión que se desmadró.

Ella le reprochaba a los gritos que se estuviese drogando y le pedía que pensara en sus hijas. Para Pereyra, aquella reacción en público era una afrenta que ella iba pagar caro. Y así se lo dijo. “Me dijo ‘a esto lo arreglamos en casa’, y yo sabía lo que eso quería decir”, evocó la mujer, ahogada en llanto.

Olmedo dijo que en la mirada torva de Pereyra vio la inminencia de su propia muerte. Y decidió actuar antes. Tomó un cuchillo tramontina que había en la mesa y le aplicó un puntazo letal en el pecho.

En otras circunstancias, un hecho flagrante como este hubiese motivado una condena a prisión. Pero absolutamente todos en la sala entendieron que un caso de sometimiento extremo como el que soportó Olmedo debía juzgarse enmarcándolo en un contexto de violencia de género.

En su alegato, el fiscal de Cámara Julio Rivero descartó la figura penal por la que Olmedo llegó acusada y propuso que el hecho se encuadrara como una legítima defensa.

“Cuando entré a este juicio pensé que iba a tener que convencerlos -les dijo Rivero a los ciudadanos comunes que integraban el tribunal. Pero si así lo hiciera los estaría menospreciando. En lugar de eso creo que debería ayudar a que lleguen a la mejor decisión posible. Y esa decisión es la que a ustedes les traiga más alivio”, los interpeló el funcionario.

A su alegato, le siguió el de la abogada querellante Pilar Roure, que representó a la madre de Julio César Pereyra.

La letrada reconoció lo difícil que le resultaba sostener una acusación contra Olmedo, luego de escuchar los testimonios que confirmaron la violencia que ella sufrió. “Me es más difícil aún siendo mujer, y habiendo asesorado a grupos de víctimas de violencia de género. Pero me siento en el deber de velar por los intereses de una madre que perdió a su hijo, por eso voy a pedir una condena de 8 años de cárcel”, anticipó.

La ronda de alegatos la cerró el defensor. Buena parte de su argumentación la había plasmado el propio fiscal de Cámara.

Por eso, recordó las palabras con las que se presentó al jurado popular: “En esta ocasión, me toca defender a la víctima”, y se plegó al pedido de Rivero de una absolución, por entender que Olmedo había actuado en legítima defensa.

Cuando el tribunal pasó a deliberar, la sensación en Tribunales era de que se había abierto una puerta para que Olmedo evitara una condena.

Así fue.

La lectura del fallo confirmó que la mujer que desde su niñez sufrió una vida marcada por la violencia finalmente iba a ser absuelta.

Sólo que la decisión del tribunal no llegó por el camino que propusieron el fiscal y la defensa, sino que en lugar de tomar el hecho como una legítima defensa, los jueces entendieron que en el momento en que Olmedo soltó toda la furia contenida durante años, no podía ser considerada “punible”.

Apenas salió de la sala, el fiscal Rivero -el funcionario que inicialmente tenía la función de sostener la acusación- se mostró conforme con la decisión. “Hay que leer los fundamentos del tribunal para ver en qué se basaron para hablar de impunibilidad. Ahora bien, la absolución por supuesto que no se discute”, remarcó.

* * *

Avanzada la tarde del lunes, Olmedo iniciaba el regreso a Alejo Ledesma, al hogar donde ella venía cumpliendo prisión domiciliaria. Ya no llevaba las esposas y ya no pesa en su contra la acusación por homicidio.

Un tribunal acaba de reconocerle su condición de víctima de violencia de género: por primera vez en mucho tiempo, Valeria Olmedo es una mujer libre.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here