Inicio CABECERA “Hoy me tocó a mí por ser mujer”

“Hoy me tocó a mí por ser mujer”

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Así comenzó el terrible relato de una joven riocuartense que fue brutalmente golpeada por un desconocido. A continuación compartimos el relato que realizó la víctima en su cuenta de Facebook.

Hoy me tocó a mí. Por ser mujer. Porque un tipo creyó que podía golpearme por deporte, porque tenía ganas. POR PUTA.

Caminaba por la calle Pringles llegando a la altura del Restaurante Mamá Khalo (La Casita Azul para muchos de nosotros), quienes me conocen saben que iba altamente distraída, pensando en no se qué.

Más adelante, en la puerta del Restaurante, había un Fiat Uno color blanco, de los viejos y un tipo en cuero, de bermudas color claro estaba apoyado sobre el capot del mismo, persona que jamás vi en mi vida, que nunca había cruzado por la calle, que jamás tuvo ningún vínculo ni cercanía conmigo.

Me acerco caminando por la vereda para atravesar el negocio y de repente se me avalancha este hombre, de apellido Rivero (aún no se su nombre completo), primero pensé que iba a robarme y me di cuenta de que no eran esas sus intenciones porque lo primero que hizo fue golpearme con el puño cerrado en la cara y como no le fue suficiente lo hizo dos veces más. No acudí a otra arma de defensa que mis gritos, fue de la única manera que pude reaccionar. El tipo no paraba de decirme que me pegaba «POR PUTA», repito que no lo conozco y no sé ni quién es.

Afortunadamente los laburantes de Mamá Khalo acudieron en el lapso de segundos, el machito cabrío se vio amenazado y corrió a subirse a su auto, mientras una o dos (no recuerdo) de las pibas me socorría otros (junto con varias personas que empezaron a aparecer, vecinos de la cuadra) le rodearon el auto mientras el tipo seguía gritado «POR PUTA» y logró escapar.

Llegó la policía, me hicieron las preguntas de rutina, algunas de ellas ridículas e incómodas, pero llegaron al toque e hicieron su trabajo como corresponde. Uno de los pibes del restaurante le tomó la patente al auto lo cuál permitió que lo agarrar en seguida.

Subí a un patrullero, hice la denuncia correspondiente.

Hice todo lo que hay que hacer.

Fui bien tratada en la UR9, tuve que esperar un poco, pero hicieron las cosas bien. Sólo espero que la justicia haga lo que corresponda.

Salí de la unidad policial y afuera había unas personas, camine con quienes estaban conmigo y cuando doblamos a la esquina nos frenó una piba de unos veintitantos para preguntarnos si éramos quienes habíamos tenido problemas con el señor que estaba adentro.

– Si, vos quién sos?- le dije –

– La hija.

– Tu viejo me cagó a trompadas, fíjate, si en tu casa se está sufriendo violencia de género, denuncia -le dije –

A lo que obtuve como respuesta, de otra mujer «No tenés ninguna marca»…

Tengo una mezcla de emociones que se juntan unas con otras, desde el enojo, la bronca, sobredosis de impotencia entre tantas otras que no puedo distinguir.

Me entristece que la hija de un golpeador que me agredió gratuitamente sin motivos haga el intento de justificar el accionar de su padre porque no veía marcas en mi rostro (a pesar de la inflamación de mi pómulo derecho).

Me corre de eje el sólo hecho de imaginar que quizás porque le recordé a quién violenta habitualmente, porque tal vez me confundió con otra persona y alguien anoche se salvó de ser golpeada otra vez o porque mi cara, mi caminar, mi vestir, mi cabello no le gustaron… Simplemente todo eso anoche me hizo de PUTA para él.

Porque él decidió golpear a esa PUTA que, anoche, me tocó ser a mí.

Me violentaron y me golpearon a mí, pero en realidad violentaron y golpearon a cada una de nosotras.

Yo elijo continuar caminando por la calle y sin miedo, continúo eligiendo mi libertad.

Porque soy bien PUTA voy a seguir transitando la calle libremente sin que vos, HOMBRE ENFERMO, HOMBRE CAGÓN, me violentes, me pegues, me insultes.

Gracias a Dios en primer lugar que me escudo y no permitió que sucediera algo peor.

Gracias a los laburantes de Mamá Khalo que acudieron rapidísimo a mi llamado de auxilio e impidieron que pasara a mayores.

Gracias a los vecinos que llamaron a la policía.

Gracias a mi amigo Marcos Rodeghiero y Melisa por estar ahí conmigo en el restaurante y en la policía.

Gracias a mi familia por estar ahí.

Quizás en otro momento hubiese pedido disculpas por el mal momento que les hice pasar, hoy no pido disculpas porque no tengo la culpa, porque soy una mujer que circulaba libremente por la vereda de una calle!

Hoy más que nunca #NiUnaMenos #VivasNosQueremos. El 8 más que nunca seguiremos marchando!

 

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